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A todos aquellos que deseen reproducir las notas de La Tecl@ Eñe: No nos oponemos, creemos en la comunicación horizontal; sólo pedimos que citen la fuente. Gracias y saludos. 

Conrado Yasenza - Editor/Director La Tecl@ Eñe

Es un mes que la historia guarda para sus grandes acontecimientos políticos.

En esta nota, 1492 y 1945 son los años que tomaremos como ejes, ya que representan inicios. Pero la intención será observar atentamente octubre de 2013, para que justamente no se constituya en un nuevo inicio.

 

 

 

 

Por Hugo Biondi * 

(para La Tecl@ Eñe)

 

 

Nuestro destino de continente despreciado comienza aquel 12 de octubre de 1492.

 

El Almirante Cristóbal Colón creía haber llegado al Asia, pero observaba ciertas conductas que no encajaban con sus prejuicios. Decía entonces en su Diario personal, “Son la mejor gente del mundo y sobre todo la más amable, no conocen el mal –nunca matan ni roban-, aman a sus vecinos como a ellos mismos y tienen la manera más dulce de hablar del mundo, siempre riendo. Serían buenos sirvientes, con cincuenta hombres podríamos dominarlos y obligarlos a hacer lo que quisiéramos”. Eso decía el hombre que llevaba en su pecho una inmensa Cruz de madera tallada, y apretaba en su palma derecha un Rosario que le había regalado la Reina Isabel. Ni Adam Smith se atrevió 300 años más tarde a ser tan explícito.

 

Cuando los habitantes de esas tierras descubiertas fueron interpelados acerca de sus nombres, respondieron “Caribes”. Pero Don Cristóbal entendió lo que su deseo imaginario quería entender: Canibas.

 

El 11 de diciembre de aquel iniciático año anotó, “Canibas no puede significar otra cosa que Pueblo del Kan; por ello el Gran Kan debe residir cerca de aquí. Probablemente envía a su flota a la caza de esclavos, y como nunca regresan imagina que mueren devorados”.

 

Los Reyes Católicos y todos los sedientos de saqueos creyeron el cuentito, e infirieron que esos indios eran todos devoradores de gente. Caníbales llamarán a la sazón a quienes practican la antropofagia ritual. Y será un elemento de justificación para someterlos y saquearlos.

Quinientos veinte años después siguen manejándose con la misma lógica, la misma estrategia y la misma inescrupulosidad. 

En el camino han parido una casta de representantes que, nacidos en estas tierras, les permiten digitar el despojo sin moverse de sus propios países.

 

En la Argentina, estos herederos económicos, la Oligarquía Terrateniente es su más clara expresión,  supieron a mediados del siglo XIX implementar las instituciones republicanas (símbolos de la Democracia Occidental), establecer los Códigos civil, comercial y penal (símbolos del orden jurídico), impulsar el tendido de redes ferroviarias (símbolos del progreso), difundir la educación (símbolo de la civilidad) y expandir los limites del territorio (símbolo de soberanía).

 

Claro que la enumeración precedente merece la siguiente aclaración: A) las elecciones eran llevadas a cabo por una élite, que solo aceptaba candidatos provenientes de la llamada “Gentes Decentes”. B) el gran derecho inviolable consagrado por sus códigos era el de la Propiedad Privada; y una ínfima parte de los habitantes la poseía. C) el trazado de las vías ferroviarias fue entregado al capital inglés, que no solo administraban su explotación sino que además lo diseñaron acorde a sus intereses, es decir, que todas sus redes confluyan en un solo sentido: hacia el puerto de Buenos Aires. La prioridad era el transporte de materias primas para su exportación, y D) las tierras fueron expropiadas a sangre y fuego, con posterior sometimiento a la servidumbre a sus originarios poseedores.

 

O sea, la propia dirigencia argentina reeditaba la conquista. Y sus intenciones.

Pero resulta que desde sus más profundas entrañas iba a surgirle un hecho maldito al país Burgués. A partir de aquel 17 de octubre de 1945 ya nada sería igual. Ni para ese pueblo que salía a las calles, ni para los cipayos de vida fácil, ni para los verdaderos dueños del Poder mundial.  Cuando John William Cooke escribió la frase,  fue tan celebrada como cuestionada, tan citada como desautorizada. Era ingeniosa y profunda. Hoy es la más perfecta síntesis

 

Pero volvamos al orden cronológico, grueso es cierto, pero necesario para reflexionar.

Aquella clase dirigente, que construyó  un Estado moderno y ágil, anglocèntrico y excluyente, va a reaccionar violentamente cada vez que vieron amenazado su poder de decisión. Dieron un paso político-institucional, formal, con la Ley Sáenz Peña, pero no estaban dispuestos a dar las mismas señales en el terreno económico. Y con Hipólito Yrigoyen en el Poder, corrían serios riesgos.

 

El primero en advertirlo (como muchísimas otras cuestiones) fue el poeta, ensayista, periodista y político Leopoldo Lugones cuando en 1924, en conmemoración del centenario de la batalla de Ayacucho y ante la plana mayor de las Fuerzas Armadas en Lima (Perú), pronunció un discurso que atravesó los tiempos con una frase certera: La hora de la espada.

 

A partir de allí los Militares serían el brazo armado de la Oligarquía (por recurrir a un concepto englobador, aunque sabemos que se trata de una alianza de poderes), y actuarán con mayor o menor violencia según la dimensión del gobierno  a derrocar, y según también los niveles de resistencia  que se generaban.

 

Pero hay un actor siempre presente y funcional cada vez que los Herederos de los Conquistadores deseaban recuperar el Poder: Los Medios de Comunicación.

 

A Don Hipólito Yrigoyen, lo volteó el diario “Critica”, cuyo Director Natalio Botana, luego se arrepentiría públicamente.

A Juan Domingo Perón, el diario “La Nación”. Pero el diario de los Mitre no solo jamás se arrepintió, sino que en su Editorial del pasado martes 3 de septiembre lo reivindicó, señalando que “Perón no cayó por obra de las armas que alzó la Revolución Libertadora en 1955. Cayó, básicamente, porque su régimen se había agotado y abundaban los escándalos y las burdas muestras de autoritarismo."  

 

A Arturo Illia, lo empujó prensa escrita en general, aunque fue esencial la acción doctrinaria de las revistas creadas a esos efectos, “Primera Plana” y “Confirmado”. Aquí también hay un Editorialista arrepentido tiempo después (bueno, 50 años después), el Doctor Mariano Grondona, quien en sus columnas acusaba de todos los males a la falta de visión presidencial sobre el papel de la Argentina en el mundo. Su lenguaje era enfático, de advertencia: “una Argentina gris, falta de grandeza nacional, incapacidad para afrontar el comunismo; un país sin misión, con la esclavitud del subdesarrollo, el vacío de poder”. Estas valoraciones se contraponían con la publicación del severo rostro del futuro presidente, Juan Carlos  Onganía quien representaba el orden, la jerarquía, la legalidad. Cuando Onganía asumió la presidencia, ambas revistas fueron clausuradas…

 

El siguiente Golpe será paradigmático, porque profundizará todo lo observado, pero fundamentalmente sentará las bases de una nueva Argentina, y donde los Medios de Comunicación ocuparan el centro de la escena.

Lo sufrirá Raúl Alfonsín, quien acusó públicamente al diario “Clarín” de manipular el estado de ánimo de la población. Su ladero más famoso,  César Jaroslavsky, sintetizó el nuevo escenario con una frase genial: Atacan como Partidos Políticos, y se defienden con la Libertad de Prensa.

 

El militante Radical Leopoldo Moreau cuenta que el diálogo entre el Doctor Alfonsín y los máximos representantes de los grupos económicos fue el siguiente:

 

-Les pido señores que me dejen llegar a las elecciones. Solo faltan seis meses, nada para el tiempo presente, pero eternos para los tiempos de la Historia. Les pido que no me pongan más obstáculos…

-Mire Doctor, no es nada personal, pero el obstáculo son ustedes.- contestó el Contador Héctor Magnetto. 

Con esta impronta se manejarán los multimedios (fenómeno generado durante el menemato), en adelante, sin importarles nada más que aumentar sus riquezas, influencia y poder. No por repetida, la frase dejar de ser exacta.

 

¿Qué se dirime en estas elecciones?

 

 

Octubre en contexto

Estamos ante un enorme desafío. Quizás el más delicado de esta década ganada. El panorama no es alentador de acuerdo a las encuestas, y mucho menos si se confirma la especie de que la Corte Suprema de Justicia acatará la orden del Grupo Clarín y envolverá bajo la figura de “Derechos Adquiridos” la adquisición de licencias audiovisuales. En ese caso, habría que esperar sus vencimientos, es decir, entre 15 a 20 años.

 

Sería un escenario tremendo si ambas cosas sucediesen. Respecto a la aplicación de la Ley de Medios, será mejor dejarlo en manos de especialistas, aunque deberán estos tomar conciencia de la hora histórica que se aproxima, y salir a combatir, a explicar que esa Ley es modélica, "Argentina tiene una ley de avanzada. Es un modelo para todo el continente y para otras regiones del mundo", ha dicho Frank La Rue, relator para Libertad de Expresión de la ONU. ¿Còmo no repetir hasta el cansancio semejante manifestación de apoyo?

Y debemos aplicar la misma lógica, la misma estrategia para todas las conquistas realizadas.

Si uno de los tantos tópicos contraculturales instalados es el de la Militancia, bueno pues, este es un momento para ejecutarlo. Porque el poder económico encontró al hombre que tanto anhelaba. Puede autoproclamarse peronista sin sonrojarse, puede mostrar gestión, tiene carisma (bueno, eso parece…) y, sobre todo, està dispuesto realizar todas las concesiones que a los “Magnetto’s” se les ocurran.

Como Menem. Aunque menos simpático, igual de cínico.

 

Un exabrupto de Martín Insaurralde sobre bajar la edad de la imputabilidad puede (debe) provocar puertas adentro reacciones y rechazos, lo que no puede ocurrir es dejar que corran al Kirchnerismo por izquierda. Ni en este tema, ni en ninguno que implique política de inclusión. Esa es la bandera, y eso es lo que más les duele, ¿cómo no agitarla cada vez y a los gritos?

Eso es militancia.

 

Cristina les lleva cien kilómetros a toda la dirigencia política argentina. La diferencia, de forma y de fondo, es abismal. Incluso quienes la detestan reconocen esto.

Por eso la cuestión de sus calzas no es una anécdota, ni se circunscribe a manifestaciones machistas o envidiosas. No es Periodismo Boludo, como sostiene el compañero Hernán Brienza, ni Periodismo “cuentacostillas”, como creímos muchos en un primer momento.

 

Es un gesto bien peronista, por un lado, donde la belleza y el poder se unen en un cóctel muy atractivo, y un grito de desesperación, por el otro, ya que la Derecha sabe leer la historia y observan cada coyuntura en perspectiva.

 

Esa es la idea, ser siempre un “hecho maldito”. Incomodarlos, descolocarlos, desnudarlos.

El contexto es extraordinario, solo tenemos que estar a la altura.    

 

     

* Periodista, Escritor y Docente. Autor del libro “Sin Renunciamientos” –El cine según Leonardo Favio-

hugobiondi@hotmail.com.ar​

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