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La década fetiche




Sostener que es una “década ganada” es desconocer lo ganado y lo perdido en esta década. Ni siquiera desde un punto de vista clasista se puede sostener que sea ganada o perdida en abstracto. En el real concreto, para que alguien gane siempre tiene que haber alguien que pierda. No tiene sentido la lucha contra la pobreza sino se lucha en forma equivalente contra la riqueza







Por Alfredo Grande*

(Para La Tecl@ Eñe)

La década fetiche. La parte por el todo. Lo ganado en una década no es igual a una década ganada. (aforismo implicado)

Debe haber muchas maneras de pensar al fetiche. Sumo la mía. Es una parte que pretende dar cuenta del todo. Las trenzas de mi china son la china. Más aún: si mi china se corta las trenzas, no es más mi china. Lo contingente se torna necesario. Lo eventual, imprescindible.  Dios no juega a los dados y por eso adora los fetiches. Las Iglesias sostienen multiplicidad de fetiches. Y cada uno es la totalidad. No la representa. Es la presencia absoluta de esa totalidad.  La trinidad. Tres en Uno. El Uno es un fetiche. Todo fetiche es una alucinación de Unidad. De totalidad. De completud absoluta. Sostener que es una “década ganada” es desconocer lo ganado y lo perdido en esta década. Ni siquiera desde un punto de vista clasista se puede sostener que sea ganada o perdida en abstracto. En el real concreto, para que alguien gane siempre tiene que haber alguien que pierda.



No tiene sentido la lucha contra la pobreza sino se lucha en forma equivalente contra la riqueza. Por eso la absurda falacia del “para todos”. Desde el fútbol, hasta la década. Lo curioso es que los que más ganaron en la década no son justamente los trabajadores, que siguen teniendo salarios confiscados con el grotesco impuesto a las ganancias. Hay que ser muy nacional y popular para que un salario sea considerado ganancia sin que truene ningún escarmiento. Los absolutamente beneficiados son las corporaciones financieras que, habiendo sido los victimarios del 2001, pasan a ser los top ten de esta década. Sin dudar, las clases más humildes han sido beneficiadas, entre planes, cooperativas estatales, asignación universal y otras ayudas. Pero, en proporción, son las sobras del banquete. La famosa copa de champán que derrama algunas gotas para que los sedientos pasen la lengua. Por supuesto: hay una sensación de prosperidad, que el oficialismo nacional se empeña en sostener comparando los índices macro económicos con los del 2001. Al legendario 50 y 50 no se ha llegado, y aunque se llegara, nunca más será lo que era. La  burguesía nacional ya no existe, y las máscaras que se muestran como si fuera el verdadero rostro apenas son útiles para prefabricar organizaciones adictas y dirigentes dirigidos. Lo ganado en esta década tiene algunas características que permite por lo menos, visualizar un empate. Tomemos dos leyes que se consideran fundacionales. La ley de Medios Audiovisuales y la ley de Salud Mental. La primera fue trabajada por decenas de organizaciones populares, radios alternativas, etc., durante años. Cajoneada varias veces, fue impulsada para ganarle la pulseada  al monopolio Clarín, luego de la batalla perdida de la 125. Lo sabemos todos. Pero al retomar esa lucha de tantos, queda el Gobierno Nacional como el absoluto dueño generador de la criatura.  Con el agravante que la cautelar del monopolio más odiado impedía una cuestión puntual, pero que se la utilizó para paralizar toda la aplicación de la ley. El espacio de las radios comunitarias nunca fue adjudicado. Nuevamente la parte fue utilizada por el todo. La ley de Salud Mental también fue el trabajo de años de profesionales, organizaciones, incluso usuarios del sistema. Pero nunca fue reglamentada.  Se borró con la mano lo que se había escrito con el codo. Las clínicas privadas, que no son otra cosa que emprendimientos comerciales, han sido las ganadoras de la década. Incluso porque con diversos disfraces se presentan como alternativas a los manicomios.  Sin embargo, en esta década hay otras cuestiones que al menos interpelan el adjetivo ganador. El veto a la ley de glaciares y al 82% móvil, fueron claras advertencias que ninguna mayoría, y muy especialmente si era circunstancial, podía ir contra la voluntad suprema del Ejecutivo. Vetar es legal, pero su legitimidad es nula. Obviamente, esa nulidad nunca será para todos. Y es justamente lo que pretendo señalar. Todo intento de absolutizar la realidad es reaccionario. El Gobierno Nacional tiene el derecho y el deber de enumerar lo que se ha ganado en esta década. Y tiene el deber y el derecho de escuchar lo que se ha perdido en esta década.

Los masacrados de Once, por ejemplo. Las víctimas de los agrotóxicos y la megaminería. Los originarios que son diezmados con saña digna de los carniceros de Roca.  El fetiche no admite excepciones. Si es bueno, todo tiene que ser bueno. Y lo malo son los “daños colaterales” del modelo. Algunos llaman a esto el festival de subsidios, que ha convertido a la economía cotidiana en una falsedad permanente. Tarifas parcialmente subsidiadas para los amigos (aeronaútica, por ejemplo) y que son una amenaza constante para todo consumidor que osara  cambiar de caballo en la mitad del rio. Del caudaloso rio del doble, triple y vaya a saber cuantos mandatos. Una de las pérdidas de la década es haber limado las aspiraciones de todos los potenciales sucesores.  Como si la Presidencia de la República tuviera una primera marca que domina todo el mercado: K. Sobreactuación de un rol necesario, pero que por efectos de un ambición desmedida, el personaje termina tragando a la persona. Y la persona al cargo. En la mística peronista, el líder tiene algo de sobre cultural y eso tiene un efecto sobre natural. Cuestionar un liderazgo en vida del Líder es considerado un crimen de lesa lealtad. Y en una década es una pérdida de realidad demasiado importante.

 

En el último discurso la Presidenta habló de empoderamiento.  No queda demasiado claro cual es la direccionalidad de ese empoderamiento colectivo. No me parece que sea hacia formas revolucionarias, ya que la misma Presidenta dijo que el peronismo no era progresista. Y sostener el capitalismo serio no parece ser la etapa anterior a un socialismo sonriente. Empoderarse sin mirar a quien y sin saber contra quien colectivo empoderado debe dirigirse. Un empoderamiento tonto, que se agota en si mismo. Eso en el mejor de los casos, porque en el peor alguien se va a tomar el empoderamiento en serio y a lo mejor algún countrie es arrasado. Lo peor de la década es la insistencia en que toda función comienza cuando el Ejecutivo llega.

La más importante: la lucha por los derechos humanos. Néstor Kirchner hasta pretendió negar la Conadep y ante la recriminación del Padre de la Democracia, Raúl Alfonsín,  tuvo que aceptarla. Y le cambió el prólogo al Nunca Más. Palo y al relato. La Razón Fetichista no puede sino hablar de década como totalidad. Solo puedo agregar que si hay una década ganada, también hay una década negada. Y como nos enseñaron hace décadas, si la historia la escriben los que ganan eso significa que hay otra historia. Pero ya nadie, o al menos muy pocos, quieren oír. El que duda pierde, y en los tiempos actuales nadie saca ni un solo dedo del plato. Por eso el enfrentamiento será cada vez más brutal y democratizar logrará el efecto opuesto. En vez de votos, lo que importará  es el rating. Cuanto mide un programa será suficiente para  tirarle con toda la programación alternativa. Las ideas no se matan.  Se las bloquea apelando a otras ideas con más rating.  Y si el bloqueo no alcanza, quizá alcance el blanqueo. Con lo cual sin una clara convicción de la ventaja económica que representa el blanqueo, se le da a la década el dudoso prestigio de terminar en un destape de corrupción que no se puede tapar insultando al mensajero. Aunque sea un mercenario mensajero. Esta década, ganada en algunas cuestiones, está perdida para otras. La principal: incorporar pensamiento crítico para dar cuentas de los puntos ciegos del relato. Pero en vez de quitarle la condición de fetiche a esta forma de ejercer Poder, cada vez más el fetiche organiza un campo de subjetividad  acrítico y obsecuente. Se han criado demasiados cuervos y sin dudarlo, pronto vendrán por nuestros ojos.


*Médico Psiquiátra. Psicoanalista y Cooperativista. Miembro fundador de Ático Cooperativa de Salud Mental

“Sueños Posibles”. Am 690 y www.laretaguardia.com.ar. Lunes 21 hs.

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