top of page

Raquel y Tucho: Los setenta en carne viva

Hay historias que definen una época. Hay relatos que por sí mismos condensan un período. Si alguien no sabe nada de lo que pasó en la Argentina con las organizaciones armadas y el terrorismo de estado, con esta historia sola tiene una síntesis de aquellos años de ilusiones, esperanzas, terror y dolor infinito.
De aquellos años setenta, con sus luces enceguecedoras que alumbraban la fuerte convicción de la revolución en cuyo altar se ofrendaba la vida propia y de las familias, esta historia posiblemente sea de las más dramáticas e ilustrativas.





Por Hugo Presman*

(para La Tecl@ Eñe)

Hay historias que definen una época. Hay relatos que por sí mismos condensan un período. Si alguien no sabe nada de lo que pasó en la Argentina con las organizaciones armadas y el terrorismo de estado, con esta historia sola tiene una síntesis de aquellos años de ilusiones, esperanzas, terror y dolor infinito; del desprendimiento, de las utopías y los errores garrafales de una generación (que seducida por la teoría del foco sostenida por el Che Guevara, terminó recorriendo un camino al margen de las masas que concluyó con una profunda derrota); y del terrorismo de estado instalado por el poder económico con la mano de obra de los militares (que precipitó una profunda descomposición de los uniformados y que dejó a los poderosos sin el recurso de última instancia ante los gobiernos populares).


De aquellos años setenta, con sus luces enceguecedoras que alumbraban la fuerte convicción de la revolución en cuyo altar se ofrendaba la vida propia y de las familias, esta historia posiblemente sea de las más dramáticas e ilustrativas.



Una historia cinematográfica



Ubiquemos el relato en 1978. El año del mundial. Dos militantes montoneros son capturados en Mar del Plata, cuando el tercer año de la dictadura establishment- militar recién comenzaba. Fue el 2 de enero. En esa Mar del Plata a la que los slogans publicitarios denominaban “La Ciudad Feliz”, con un emblema comercial: “Viaje a Mar del Plata sin valijas. Tienda Los Gallegos tiene de todo”. Ahí fueron secuestrados Edgar Tulio Valenzuela (Tucho) y Sebastián, el hijo de su pareja Raquel Carolina Negro (María). A su vez Raquel fue apresada en Luro y Catamarca, a dos cuadras de donde fueron capturados su pareja y su hijo. Ambos venían de haber estado previamente casados: Tulio con Alcira Fidalgo de quién se separó en 1973, porque ella quería ser madre y él no creía que era el momento para tener hijos; y Raquel con Marcelino Álvarez quien fuera secuestrado el 4 de noviembre de 1976 y continúa desaparecido. En ese trágico 1976 había nacido Sebastián, el 28 de mayo.    
El operativo de Mar del Plata fue realizado por un grupo de tareas del II Cuerpo de Ejército. Los tres (Tucho, Raquel y Sebastián) fueron llevados al campo de concentración “La Quinta de Funes” a 20 kilómetros de Rosario. Habían sido marcados por dos prisioneros secuestrados en ese lugar, que se habían pasado de bando: Carlos Laluf, lugarteniente de Tucho, que era a su vez el jefe de la “Columna Rosario” de Montoneros; y Juan Dubcek que señaló a Raquel.
Miguel Bonasso relata en su libro “Recuerdo de la muerte” la llegada al campo a través del protagonista principal del libro, el “Pelado” Jaime Dri: “Un sol de plomo caía sobre el césped de la quinta cuando el camión metió la trompa por la entrada principal. Eran las dos de la tarde. Los vecinos de Funes se cobijaban a la sombra de los quinchos. Ruidos de platos, de voces llamando a comer, quebraban de tanto en tanto el silencio del barrio paralizado por el sol. Los chupados estaban atentos. Una a uno se fueron acercando al camión, que se acababa de parar a veinte metros de la casa…..Primero bajó Raquel (María) esposada y vendada. Fue siguiendo el paso de la figura orgullosamente erguida y se sorprendió al notar que no la llevaban hacia los calabozos, ni hacia el albergue precario de los prisioneros, sino que la metían en el chalet de la guardia. A pocos pasos de ella venía un guardián y Sebastián, que miraba a todos con sus ojos enormes. Un segundo después, Tucho descendía a ciegas de la caja del camión….A Tucho sí lo condujeron hacia los vestuarios. El Pelado sintió una puntada en el pecho. Por un instante se vio a sí mismo, poco días atrás, observado por los mismos ojos, con la camisa que todos le conocían de Rosario.”
Para entender la trama de la Quinta de Funes es preciso señalar que era un experimento realizado por el Ejército con algunos puntos de contacto con el ministaff de la ESMA, significativo para el proyecto político de Massera. Cuenta el periodista Ricardo Ragendorfer: “En realidad se trataba de una verdadera fábrica de agentes dobles. La idea era que los militantes confinados allí colaboraran con la represión. Y no como meros marcadores de citas. Por el contrario: se les exigía ser verdaderos cuadros de lo que los uniformados entendían por guerra contrarrevolucionaria. Al punto de que eran entrenados para volver a circular entre las hendijas de la organización a la que habían pertenecido con el objeto de guiar a los militares hacia su cúpula. Y hasta esgrimían una justificación ideológica al respecto.  “– Estos son militares nacionalistas. Detestan el capital financiero tanto como nosotros. Pero el error que cometimos fue haber querido reemplazar al ejército por una milicia popular. Esto solía decir Pedro Retamar (El Tío), militante montonero, a cada nuevo huésped. …. Los otros cautivos - 15 en total - también se habían anotado en este siniestro libro de pases, menos Jaime Dri, cuya estrategia para sobrevivir estaba cifrada en la simulación. La convivencia entre cautivos y represores era surrealista……..se compartían muchas cosas con  los detenidos, cuenta Eduardo Constanzo, un represor arrepentido, comíamos con ellos, jugábamos a la pelota, tomábamos vino, nos bañábamos en la pileta. Imagínese que hasta les compramos shorts a los muchachos y bikinis a las chicas. Y en la Navidad de 1977, fue Galtieri con 12 sidras fresquitas y brindó con los muchachos del chalet.”
Situación similar pone Bonasso en boca de Nacha hablando con Jaime Dri: “Sabés, Pelado, cuando yo caí estuve unas horas en otro lado, antes que me trajeran acá. Cuando vine acá me llevaron al lugar donde vivimos y… ¿A que no sabés lo que pasó? Me habían traído a Laika, la perrita, y habían trasladado nuestro dormitorio. Con todas las cosas nuestras. Estaba igualito. Casi me caigo de espaldas. Pero igualito como lo dejé. Hasta las cosas que había sobre la cómoda. Igualito.”

La trama increíble



Tulio había nacido el 21 de mayo de 1945 en San Juan. Raquel cuatro años después en Santa Fe. Se conocieron en Rosario y ya en pareja vivieron un tiempo en Brasil. Él trabajó en Altos Hornos Zapla y ella era docente. Ambos eran Montoneros. Cuando llegan a la Quinta de Funes, Raquel está embarazada de siete meses. La preocupación de ambos era garantizar la vida de Sebastián sacándolo de ese lugar. Por eso cuando el comandante del II Cuerpo, Leopoldo Fortunato Galtieri, bajo cuya autoridad se encontraba la Quinta de Funes, le propone formar parte de un comando integrado por 

secuestrados e integrantes de los grupos de tareas, para raptar y/o matar a la conducción de Montoneros radicada en Méjico, decide simular colaboración, sujeta a una previa consulta con su mujer. La idea se basaba en que había que acortar la guerra asesinando a la conducción Montonera y brindar condiciones de seguridad al Campeonato Mundial de Fútbol que iba a comenzar en junio de ese año.  Luego de analizar la situación con Raquel, deciden aceptar, con la condición que Sebastián sea entregado a sus familiares. Resonaban en los oídos de Tucho las palabras de la propuesta realizada por el Capitán Jorge Fariña  (Sebastián): “- Mayor Valenzuela. La situación es la siguiente: los Montoneros están derrotados militarmente. Y hay sólo una manera de acortar la guerra sucia para así no sacrificar más vidas, eliminar a Mario Firmenich y Fernando Vaca Narvaja, los máximos jefes de la Organización.”

Una vez constatado el cumplimiento de la condición previa, la entrega de Sebastián a los abuelos, Tucho y Raquel deciden simular la colaboración en la operación pero con el acuerdo que al llegar a Méjico, Tucho denunciaría la maniobra. A ninguno de los dos se le escapaba, que esa decisión implicaba la sentencia de muerte para Raquel y tal vez para la criatura que llevaba en su panza. Es difícil imaginar una decisión tan dramática. Los sentimientos que habrán pasado por la cabeza y el corazón de los protagonistas. Bonasso intenta reconstruir las dudas de Valenzuela: “No- se tranquilizó- todo va a salir bien, como estaba previsto. Pero ¿qué significaba bien? Bien para la organización, para el pueblo, para la revolución. Para él, para María, para Sebastián, ya nada podía salir bien. Lloraba cuando recordaba que a María la iban a matar. Tal vez con Sebastián no se atrevan y se lo dejen a los abuelos, pero a María la van a matar. La matarán antes o después de tener la nueva criatura. …. Si sobrevivía iría a parar a un destino ignoto. A lo sumo a un orfanato, a la casa de unos milicos estériles, que quisieran adoptarlo. Lo iban a educar con las ideas de ellos, borrando los verdaderos padres del mapa, para siempre. Pero es mi hijo, sollozó contra la almohada. Es mi único hijo y no lo voy a conocer. Supo que tampoco iba a volver a verse con María y que su propio destino era la muerte. Si no le creían, lo matarían los propios compañeros. Si le creían, el mismo iba a pedir una misión que cerrase la parábola…” A lo lejos Tucho tal vez escuchó la voz de Mario Benedetti que interpretaba lo que sentía por María (nombre de guerra de Raquel): “Si te quiero es porque sos / mi amor, mi cómplice y todo./ Y en la calle, codo a codo, somos mucho más que dos,/ somos mucho más que dos./ Tus manos son mi caricia, /mis acordes cotidianos./ Te quiero porque tus manos/ trabajan por la justicia./ Si te quiero es porque sos/ mi amor, mi cómplice y todo./ Y en la calle, codo a codo,/ somos mucho más que dos,/ somos mucho más que dos”  

Continua Bonasso: “Apoyados en los árboles, o simplemente parados sobre el verdor resplandeciente, los ojos entrecerrados por los rayos del sol que se filtraban entre las ramas, los habitantes de Funes se habían congregado para despedir a los viajeros. Tucho cargó su valija en el baúl, y volvió hacia los espectadores su rostro azorado. Uno a uno se fue despidiendo de todos. En algunos casos con una palmada, en otros con un simple apretón de manos. El Pelado fue el penúltimo, porque el abrazo final estaba destinado a María. Se le aproximó mirándolo de hito en hito, los ojos enrojecidos, la boca apretada, la nuez subiendo y bajando por el cuello tenso. Se estrecharon en un abrazo. El Pelado lo sintió vibrar de un modo atroz y tuvo la insólita aprensión que se le iba a desvanecer entre los brazos. Con el mentón apoyado en la tela del traje marrón, hipnotizado por las rayas del casimir, sobrevino el presentimiento. Y entonces tuvo ese impromptu, tan característico de su forma de ser. Fue el mensaje del sentimiento forrado por la ambigüedad de la cautela, cuando dijo esa frase que los testigos podían interpretar de dos maneras opuestas: - No aflojes, Tucho”



Méjico: escenario de delirios cruzados



El grupo formado por tres miembros de la inteligencia militar (Fariña, Cabrera, Amelong) y dos prisioneros (Tulio Valenzuela y Carlos Laluf) toman en Ezeiza, el 14 de enero, el vuelo de Varig que lo llevará a Rio de Janeiro. El lunes 16 de enero emprenden el viaje a Méjico.
Ya ahí Tulio toma contacto con la conducción Montonera y revela el objetivo del grupo, ante cierta incredulidad de los dirigentes. Llaman a una conferencia de prensa en donde Valenzuela dice entre otras cosas: “Un grupo de la Marina de Guerra había estado días atrás en Méjico con el objetivo de golpear sobre un alto cuadro partidario. Como finalmente no pudieron encontrarlo en la cita, se tuvieron que volver. Hay que tener en cuenta en qué condiciones vengo yo. Además de que supuestamente me convencieron políticamente que yo debía colaborar. La condición principal es que mi compañera que está embarazada de seis meses que se llama Raquel Negro, y mi hijo, que tiene un año y medio, Sebastián, están en manos del enemigo. Ellos son los rehenes. Yo fui amenazado que serían inmediatamente ejecutados, si la misión de infiltración que yo iba a cumplir acá fracasaba o se producía un hecho como este. Cualquiera se puede dar cuenta de que esta es una situación muy difícil para cualquier hombre, aún para un cuadro revolucionario … Yo discutí esta situación con mi compañera. Mi compañera  manifestó que ella está dispuesta a quedar en el país como rehén, para morir, para salvar algo que era mucho más trascendente que nuestras propias vidas, para llegar acá  y poder informarle a nuestro partido y al mundo de los planes de la dictadura y hacer un esfuerzo para desbaratarlos”  Mientras Tulio Valenzuela efectuaba estas dramáticas declaraciones, en un lugar de su cerebro, le parecía escuchar a Mario Benedetti decir: “Tus ojos son mi conjuro/contra la mala jornada./Te quiero por tu mirada/que mira y siembra futuro./Tu boca, que es tuya y mía,/tu boca no se equivoca./Te quiero porque tu boca/sabe gritar rebeldía.”


Los cuatro integrantes del comando fueron expulsados en medio de un escándalo diplomático. Lo mismo sucedió luego con Tulio Valenzuela. Luego de pasar por varios países volvió a Méjico donde fue juzgado por la conducción montonera integrada por Mario Firmenich, Roberto Perdía y Raúl Yaguer, bajo los siguientes cargos, según cuenta Miguel Bonasso, presente en el juicio: “Traición El artículo 4 dice que incurre en delito de traición, cualquier persona que por cualquier medio colabore o sirva conscientemente al enemigo en el planeamiento y desarrollo para infiltrarse en la reunión del área. Delación: El artículo 7 establece que constituye este delito la entrega consciente al enemigo de datos o elementos que pueden perjudicar a la organización o las estructuras que ella conduce. Instigación: Si bien no está previsto en el Código, el Tribunal Revolucionario considera que este delito debe ser incluido y el mismo consiste en la presión del compañero Tucho sobre la compañera María, para que cometa el delito de entregar la casa partidaria que compartían en Rosario.”
La sentencia del Tribunal con fecha 7 de marzo de 1978, en su parte pertinente dice: “Aplicar al compañero MAYOR TULIO VALENZUELA (TUCHO) , la pena de degradación (artículo 23) El compañero Tucho mantiene su pertenencia al Partido con todos sus derechos y obligaciones con el grado de subteniente, sin ninguna otra pena accesoria, cesando a partir de la comunicación de la presente sentencia, las medidas de libertad vigilada a la que estaba sujeto”
En una escena patética Valenzuela se abrazó a Firmenich y le dijo: “- Yo sé, yo sé, ….Para Uds. es más jodido que para mí, porque si están acá, …..si pueden hasta juzgarme, no por mal, yo sé, por todos, por el bien del Partido, si se puede, es porque yo les salvé la vida.”     
Antes de ser juzgado, Tulio Valenzuela le dirigió una extensa carta al General  Galtieri que entre otras cosas decía: “Yo no puedo impedir que mi compañera Raquel Negro y mi hijo Sebastián sean fusilados, si es que no  lo fueron ya. Si Ud. o cualquier otro jefe militar de esa orden, yo les pido que antes de su ejecución, usted tenga el coraje de leerles esta carta y de transmitirle que los Montoneros estamos orgullosos de su heroísmo, que ha sido el ejemplo más alto de conducta en lo que va de esta guerra que el pueblo la recordará para siempre….Le pido que logre impedir el derramamiento de sangre cuando nuestra victoria sea inevitable”
Edgar Tulio Valenzuela volvió al país, cinco meses después, en la  primera contraofensiva montonera, fue apresado y hoy integra la lista de desaparecidos. Una versión sostiene que  al verse cercado por integrantes de un grupo de tareas de la ESMA, se suicidó ingiriendo una pastilla de cianuro.
Carlos Laluf y Pedro Retamar, a pesar de su colaboración, fueron asesinados por sus captores, posiblemente antes del Mundial, en el año 1978.
Según el ex jefe de inteligencia del ejército Eduardo Constanzo, Laluf  está entre los catorce prisioneros de la Quinta de Funes que han muerto después en la Intermedia, la quinta de Amelong, ubicada en Timbúes, 40 kilómetros al norte de Rosario. “Era 1978, dos o tres meses antes del Mundial de Fútbol, el Ejército tenía que deshacerse de esa gente porque tenían que trabajar en el Mundial. Estuvieron dos meses en la Quinta de Funes. Y antes de eso en La Calamita, (en donde estuvo secuestrado el ex Canciller Rafael Bielsa). Luego pasaron a La Intermedia que era un chalet, a unos veinte metros había una casa en construcción prácticamente terminada a la que faltaban los pisos nada más, no sé cómo está ahora, ese lugar es donde los mataron. En el chalet vivían, comían y dormían. De los catorce detenidos en La Intermedia de los que se me culpa, los mataron  Isachs, Amelong, (Jorge) Fariña, y (Pascual) Guerrieri, que son los cuatro que estaban en la pieza, los hacían llevar uno por uno y los mataban ahí adentro de dos tiros en el corazón..  Así fueron asesinados Tonioli, Nacho y la Nacha, Leopoldo Tossetti y la señora, la Gringa y la Foca, que era el marido, estaba Novillo, el Tío, son esos catorce.”
A Raquel Negro, la llevan de Funes a Paraná. Ahí la internan como sobrina de Galtieri en un hospital militar. Nacieron dos criaturas, una de ellas muerta. La otra la entregan en un convento o colegio. A Negro la traen muerta a la Intermedia en el baúl de un auto.”

 

A su vez Jaime Dri, El Pelado, testimonió en el juicio: “El traslado a la Escuela Magnasco donde el  que toma la batuta ahí es el Tordo, médico, es quien me cura las heridas. No se decía nada pero había mucho movimiento, me acuerdo cuando el Tordo saca un arma y le parte la cabeza a la perrita de la Nacha. Al atardecer estaban los autos para trasladarnos. La orden fue ante cualquier movimiento sospechoso se abre fuego. Pensamos que nos iban a matar pero no, llegamos a un lugar, tabicados, nos suben, todos tabicados todos contra la pared. Pero pasado el tiempo el tabique se afloja, fui viendo las ventanas tapadas con periódicos y como el baño estaba abajo, nos pusimos un tarro para orinar en una esquina. Se había caído un pedacito de una esquina de una ventana y vi que estaba en calle Zeballos y por el ruido de los autos intuí que la otra era Ovidio Lagos. Otra cosa que pude ver fue un cuadro de un motor por eso pensé que se trataba de una escuela industrial. Después Toniolli me dijo que era la (Escuela) Magnasco. Eran vacaciones, los días pasaron y había que irse y entonces vino la noticia que nos íbamos a La Intermedia. En una noche nos subieron a un camión y nos llevaron".

Testimonios de protagonistas



En el libro “Por la libre” Gabriel García Márquez entrevista en abril de 1977 a Mario Firmenich que viajaba con otro nombre en el mismo avión que el escritor colombiano: Ahí declara el jefe montonero: “A fin de octubre de 1975, cuando todavía estaba en el gobierno Isabel Perón, ya sabíamos que se daría el golpe dentro del año. No hicimos nada para impedirlo, porque en definitiva, también el golpe formaba parte de la lucha interna en el movimiento peronista. Hicimos en cambio nuestros cálculos de guerra, y nos preparamos a soportar, en el primer año, un número de pérdidas humanas no inferior a 1.500 bajas. Nuestra previsión era ésta: si logramos no superar este nivel de pérdidas, podíamos tener la seguridad de que tarde o temprano venceríamos. ¿Qué sucedió? Sucedió que nuestras pérdidas han sido inferiores a lo previsto. En cambio, en el mismo período, la dictadura se ha desinflado, no tiene más vía de salida, mientras que nosotros gozamos de gran prestigio entre las masas y somos en Argentina la opción política más segura para el futuro inmediato.”
Muy distinta era la posición de Rodolfo Walsh entre noviembre de 1976 y enero de 1977 “en cinco documentos críticos enviados a la dirección va agudizando la crítica desde resoluciones tácticas particulares y señalamiento de diferencias con respecto a ciertas visiones estratégicas, hasta plantear de forma concreta una línea alternativa a nivel político para preservar a la militancia; además de proponer cambios en la estructura interna de la organización con el objetivo de evitar el aniquilamiento y buscar las raíces  de los problemas que determinaron una lectura  equivocada de la realidad por parte de la conducción…..Roberto Perdía, décadas más tarde, reconocería que la posición de Walsh fue “una de las pocas voces que en esos momentos comprendieron cabalmente el meollo de los caminos equivocados que estábamos recorriendo…Sus principales críticas estaban concentradas en el excesivo optimismo que revelaba una escasa autocrítica y poco realismo.”  (“Rodolfo Walsh-Los años montoneros”  de Hugo Montero y Ignacio Portela)   



Historia Abierta



Durante mucho tiempo no se supo sobre la suerte de Raquel Negro (María), hasta las declaraciones del represor Eduardo Tucu Constanzo. Una mujer cuya descripción coincide con la de Raquel Negro dio a luz mellizos en el Hospital Militar de Paraná, el 26 de marzo de 1978. Un nene y una nena. Conforme a la información que debe tomarse con pinzas, dejando un espacio para la continuación de la búsqueda, el nene tuvo problemas respiratorios y cardíacos y habría muerto. En declaraciones a Rosario 12 del 30-04-2006, Constanzo afirmó: "En el lapso de su internación le dieron una habitación con dos camas, muy apartado de los contactos que pudiera tener, que no se arrimara nadie. El Ejército le llevaba la comida a la habitación. El único encargado de esa misión, de controlarla, de cuidarla, de no dejar arrimar a nadie, era el mayor Raúl Pavone. En una de las dos camas dormía un agente de inteligencia de acá de Rosario las 24 horas y después era relevado por otro agente de inteligencia de Rosario también, hasta que llegó el momento del parto. Tuvo mellizos… varón y mujer. El varón nació muerto y a la nenita la trajeron a Rosario, no sé quienes, le aclaro que yo nunca la vi. Pagano y Amelong la dejaron en la puerta de un convento acá en Rosario, no sé en cual, esto me lo contó Pagano a mí. Incluso riéndose me contó cómo fue. Que él y el Flaco, que es como le decían también a Amelong fueron en auto hasta ese convento con la nenita recién nacida, y Pagano la dejó en un hall de entrada del convento y tocó el timbre poniéndole un escarbadiente para que siga sonando y apenas empezó a sonar, desde un balcón salió una monja preguntándole quien era y ahí Pagano se fue corriendo al auto donde estaba Amelong y se fueron.” La nena, hoy una mujer de 34 años, es la nieta recuperada número 96. Fue adoptada de buena fe,  por Raúl Gullino ( bioquímico) y Susana Scola ( docente) después de ser dejada en la puerta de un convento.
La historia de la adopción está contada en el libro del periodista entrerriano Alejandro Hoffman en su libro “Reencuentro. Crónica de la restitución de una identidad”: “En la puerta del Hogar del Huérfano, decía el noticiero de Canal 3 de Rosario dejaron abandonada una beba de aproximadamente de un mes de vida. En una entrevista, la hermana Catalina contaba que la noche anterior, bajo la lluvia, alguien tocó el timbre y depositó en el piso una nena a las que las monjas llamaron María Andrea. Al fondo de la imagen se veía la cuna. En Ramallo, a Raúl se le iluminaron los ojos. Miró a Susana, que estaba sentada del otro lado de la mesa, y su comentario interrumpió el monólogo televisivo que dominaba el almuerzo: - Che, ¿no nos darán ese bebé?
Hacía mucho tiempo que el matrimonio Gullino intentaba  tener su primer hijo… Luego de cinco años  de búsqueda y tratamientos médicos sin éxito, habían decidido el camino de la adopción en 1977, se inscribieron en la Justicia de Menores en Rosario y comenzaron las entrevistas y cursos preparatorios. Por eso, cuando Soledad López - María Andrea apareció en la pantalla a lo lejos, a Raúl se le ocurrió hacer el comentario como uno más de sus chistes, como otra de sus bromas en medio de la adversidad, pero Susana vio sus ojos y se permitió no censurarlo. La frase quedó suspendida en el aire y no había alcanzado todavía a evaporarse cuando, días después, una llamada del Juzgado de Menores Nº 2 la corporizó en un segundo. Había una niña para ellos y ellos no dudaron: la querían… El juez a cargo, Jorge Abel Zaldarriaga, les dio la opción de retirarla en la sede judicial o buscarla directamente donde se encontraba, el Hogar del Huérfano. - No, no. La vamos a buscar nosotros- dijo seguro Raúl- pero dígame una cosa ¿es la nena que pasaron por televisión que dejaron abandonada el otro día?
-Sí, es ella, si quieren pueden ir a buscarla… Ese lunes las monjas recibieron contentas a los Gullino en Laprida 2129, porque la niña dejaría atrás su estado de desamparo y tendría una familia. Cuando Raúl preguntó cómo estaba, le contaron lo de la falta de cuidado y la piel irritada. También que había llegado con bajo peso y que pensaban que tenía un mes de nacida.
El bioquímico y la docente se marcharon con una hija en brazos y la alegría y la preocupación de tener que aprender a ser padres sobre la marcha.  Esa noche durmieron en Rosario y sellaron  el pacto de que ni Sabrina, como la iban a llamar, ni nadie sabría nunca que había sido abandonada. No le ocultarían su condición de adoptada, pero se prometieron mantener en secreto el capítulo del orfanato y lo que creían que era una decisión de los progenitores biológicos de desprenderse de ella. Querían protegerla  de los chismes familiares y de pueblo. Harían eso y todo lo que hiciera falta para que no cargara con ese fantasma y para que fuera feliz.”      
Antes de ser convocada por el juez, la joven se acercó dudando de su identidad a la filial Abuelas de Rosario.
Sabrina, una  joven muy bonita,  da su testimonio: “Nacemos en el Hospital Militar de Paraná.  Nos ponen en una cunita, y las enfermeras nos identifican con los nombres de Soledad y Facundo. Llegan dos médicos y dicen “estos bebes no pueden estar acá” y nos derivan a un lugar especializado, a un instituto de pediatría privado de Paraná. Ingreso como Soledad López y cuatro bebes después, mi hermano como  NN López.  Los dos provenientes del Hospital Militar de Paraná sin obra social, sin el nombre de los padres. Y luego hay un egreso en la misma planilla el 27 de marzo de 1978, tanto Soledad López como NN López. Sabemos que el melli está vivo, su presencia es muy fuerte y yo me permito imaginarme encuentros.” Sabrina no se cansa de repetir el testimonio de las enfermeras en el juicio, muy contrastante con la reticencia y complicidad de los médicos.
Contó su historia a Rosario 12: “Elige presentarse como Sabrina Gullino Valenzuela Negro, aunque pudo completar su verdadera identidad sumando sus dos últimos apellidos hace menos de un año. Es la nieta recuperada por Abuelas Nº 96. Tiene 31 años y confiesa que fue "un momento impresionante" la jornada del último martes cuando contó su historia ante el Tribunal Oral Federal Nº 1 convocada por la fiscal Mabel Colalongo, en el marco de la causa Guerrieri- Amelong. En la sala de audiencias sentados a su espalda, estaban los hombres que habían marcado su destino a fuego: Pascual Guerrieri, como jefe máximo y responsable del operativo represivo en la región, secundado por Jorge Fariña; Juan Daniel Amelong y Walter Pagano quienes la dejaron abandonada en marzo del 78 en la puerta del Hogar del Huérfano de Laprida y Riobamba, y Eduardo "Tucu" Costanzo cuyo testimonio permitió encontrarla. "Vivimos todo muy aceleradamente y si bien con mi hermano Sebastián teníamos un poco de conciencia de lo que estaba pasando, fue muy emocionante sobre todo por haber podido participar de un punto muy importante en la historia, como fue la desaparición de 19 compañeros que fueron secuestrados en la Quinta de Funes, y que han causado tanto daño a mi familia biológica. Haberle visto a los ojos a esa gente y haber participado fue muy importante. Y esto es gracias a la lucha de estos treinta años de los organismos de derechos humanos que se comprometieron, y que creyeron que valía la pena transformar la sociedad como habían querido nuestros padres y continuar esa lucha. Tuve la fortuna de haber podido estar ahí, frente a ellos, y pese a que es algo traumático, para mí fue impresionante. Estuve con mi tío Héctor Valenzuela, y coincidimos que fue muy emocionante haber podido participar más allá de lo dramático, haber participado es empezar a cerrar cosas que se habían abierto en nuestras familias. Por eso nos sentimos muy conformes y me siento en lo personal muy agradecida a todos los chicos de Hijos, de Familiares, de APDH, así  como de todos los compañeros que participan del Espacio Juicio y Castigo, ya que gracias a ellos tuve el privilegio de sentarme y poderlos ver y de alguna manera hacerlos responsables no solo de lo que se los acusa en este juicio, sino también de la desaparición de mi hermano mellizo que para nosotros mientras no se sepa nada de su suerte sigue estando desaparecido.”
“¿Quiénes eran tus padres? Eran Raquel Negro y Tulio Valenzuela. De ellos sé hace muy poco tiempo, hace menos de un año y a través de las voces de personas que los han conocido. Fueron personas grandiosas, y obviamente tengo mis enojos, no sería sincero no tenerlos, pero fueron personas con mucho compromiso, con una coherencia fuerte en sus pensamientos, sus actos y sus ideas. Me siento muy orgullosa de recuperar esa parte de esa historia, y de poder hacerlo en tan poco tiempo, en solo diez meses. Tuve solo ese tiempo para poder asimilarlo todo, y en parte se lo debo a mi familia adoptiva, que son los Gullino. Me siento muy orgullosa de Tucho y de Raquel, y me siento una persona muy afortunada de tener a mi hermano Sebastian, a quien adoro. El martes bajo su mirada me sentí protegida en el tribunal, mientras declaraba.”
“¿Cómo comenzó esta nueva etapa de tu vida cuando comenzaste a saber quién eras en verdad?
Fue todo muy raro: tuve una infancia realmente muy copada, como toda mi vida en Ramallo, por lo cual a mis viejos, a los Gullino los adoro, y a mi hermano también. Las dudas empezaron cuando vine a la facultad, a Rosario, y me empiezo a enterar más de la historia argentina, y por ahí haber nacido en el "78 es como un punto que charlando con mi amigo Matias Ayastuy, a quien le preguntaba desde hacía tres años si podía ser hija de desaparecidos, y él me hizo un par de preguntas. Pero a mí desde chiquita me dijeron quiénes eran los abogados de la adopción entonces no veía nada turbio. Por ahí las dudas venían por la cuestión de las fechas en la que había nacido. Hasta que el año pasado me propuse cumplir con este tema de verdad histórica y me hice el examen de ADN, y eso fue bastante loco, increíble, por cómo se encadenaron los hechos. La semana en que decidí hacerme el estudio, Matías me da los teléfonos de Iván Fina, el responsable de Abuelas en Rosario. El 21 de noviembre de 2008 lo llamo y así empieza el tema. Fueron tres o cuatro días de locos, me volví a Ramallo ese fin de semana, y el domingo a la tardecita cuando estaba allá llegó un cabo de la Policía Federal de San Nicolás que traía un exhorto para Raúl Gullino y Susana Scola. Los dos debían declarar en el marco de la causa Juan Carlos Trimarco, en el Tribunal Federal de Paraná. Cuando pregunté me dijeron que era un delito por tráfico de droga o secuestro de personas. Y, mirá la ironía, me negué a firmar esa orden. Después hablamos y les pregunté si me habían adoptado en forma legal, y me aseguraron que sí, entonces mi hermana (Carla, también adoptada) puso "causa Trimarco" en internet y saltó que "Raquel Negro la mujer de Tulio Valenzuela había sido internada en Paraná donde había dado a luz a mellizos. Que la bebe había sido abandonada en un convento de Rosario, que en verdad había sido el Hogar de Huérfano", según las declaraciones del Tucu Costanzo que había dado en Enero de 2008. Gracias a esas declaraciones me encontraron.”
“¿Qué pasó después? El día martes posterior, fuimos a ver a la jueza Galizzi, que nos trató muy bien, tanto en lo humano como en lo judicial, porque fueron súper expeditivos. Bastante distinto a lo que hace el tribunal federal en Rosario que les está dando un trato bastante distinto a las víctimas y sus familiares, con lo que dejan mucho que desear. Lo digo por el espacio pequeño de la sala, hasta la prohibición de llevar fotos de desaparecidos. Es bastante malo el trato que se nos da.”
“¿Cuándo viste fotos de tu madre? Fue ese día en el tribunal, y fue muy fuerte porque todos me decían que era igual. Era curioso porque mi mamá (por Susana Scola) me decía: ¡Sos igual a tu mamá! (por Raquel Negro) Era muy impresionante.”
Al respecto, Alfredo Hoffman en su libro “Reencuentro” escribió: “La mujer que durante 30 años había sido su madre, la que había interrumpido una carrera para cuidarla, la que había curado las heridas de la infancia, … le decía: - Sos igual a tu mamá”
El reportaje continuaba: “¿Cuál es tu actividad profesional? Tengo un estudio de comunicación y diseño con una compañera de trabajo y participo de la cooperativa de animadores de Rosario. Hago ilustraciones, dibujos y animaciones.”
“¿Se han colado algo de tu historia personal, de tu identidad en esos trabajos? Sí, es verdad, mi tesis para recibirme en la Escuela de Animadores fue un sueño que tuve: fue mucho antes de saber quién era. Se llama "Negra idea" y antes que contarlo prefiero que lo busquen en internet. (Nota del redactor: Una mujer da a luz una niña de color que es rechazada por ser diferente. En un equívoco del azar queda transformada en un zapallo. Sin embargo, gracias al amor recobrará su humanidad, y su verdadera identidad). En este último tiempo también estoy soñando mucho, tengo el inconsciente a full.”

Los hermanos se reencuentran



Víctimas de los setenta, los hermanos Valenzuela-Negro se reencuentran, después que el viento huracanado de los setenta los dispersara. El encuentro con Sebastián lo contó en Pagina 12 Victoria Ginzberg que conoce de qué se trata en carne propia:- ¿Que hacés, negrita? – Nada, te estoy llamando ¿vos? – Yo estoy acá, en el baño, llorando.
Sabrina y Sebastián hablaban por primera vez. Y a partir de allí la sangre estableció un vínculo indisoluble. 
Lo mismo sucedió con Matías Espinoza, nieto restituido número 100. En 1976, Tulio había tenido a Matías con Norma Espinosa, a quien conoció a mediados de 1974 cuando militaban en la columna oeste de Montoneros, por la zona de San Justo. Alrededor de mayo-junio de 1975, Tulio fue trasladado por la Organización a Santa Fe y Norma lo acompañó. En julio de 1975, Norma quedó embarazada, pero la relación no prosperó y se separaron. Norma se fue a vivir a la casa de sus padres, abandonó la militancia y el 6 de marzo de 1975 nació Matías en Lomas de Zamora
Matías que lleva el apellido de su madre, es hijo de Tulio “Tucho” Valenzuela quien no pudo reconocerlo porque vivía en la clandestinidad debido a que era una de las cabezas de la columna de Montoneros en Rosario.
Sabrina, Sebastián, Matías. Falta encontrar el hermano mellizo de Sabrina al que busca empecinadamente. Y lo dice con simpleza: “Yo lo único que quiero es tomarme un mate con mi hermano y charlar.”

Las Abuelas como reunificadoras



Las abuelas que llevan como apellido la histórica Plaza de Mayo han consumado una nueva proeza. Ahí en esa Plaza que en la prosa de María Seoane es el lugar donde: “El enigma se vuelve revelación. Es la plaza de los sueños donde se amasa el laberinto de nuestra vida…..donde los obreros acariciaron con las patas en la fuente un sueño igualitario con las manos…..donde (para siempre ha quedado) una cuna y un pañuelo blanco, una canción interrumpida, una foto antigua con un rostro joven que demanda justicia”
Han convertido 106 goles en el arco de la impunidad con la camiseta de la vida. Las que tienen todo el derecho a cantar: 

Usted preguntará por qué cantamos./ Cantamos porque llueve sobre el surco/ y somos militantes de la vida/ y porque no podemos ni queremos/ dejar que la canción se haga ceniza/ Cantamos porque el grito no es bastante/ y no es bastante el llanto ni la bronca/ cantamos porque creemos en la gente/ y porque venceremos la derrota.”



Los verdugos condenados



El 15 de abril del 2010 el Tribunal Oral en lo criminal Federal número1 dictó sentencia en la causa conocida como Quinta de Funes condenando a prisión perpetua e inhabilitación absoluta y perpetua, accesorias legales y costas a Guerrieri, Fariña, Amelong, Constanzo y Pagano, de cumplimiento en cárceles comunes, con excepción de Constanzo y Guerieri que seguirían en prisión domiciliaria mientras el fallo no quedara firme.
Para el testigo Jaime Dri, el protagonista de “Recuerdos de la muerte” de Miguel Bonasso,  Guerrieri es Jorge, Amelong es según era conocido en el campo como Daniel, Fariña es simplemente Sebastián, Pagano era Sergio II  y Constanzo era conocido como “El Tucu”
En otro juicio por sustracción de menores, causa Trimarco, fueron condenados, Pascual Oscar Guerrieri a la pena de 14 años, Jorge Alberto Fariña y  Juan Daniel Amelong a 13 años de prisión, Walter Salvador Dionisio Pagano a 11 años de prisión, y Juan Antonio Zaccaría (médico anestesista)  a la pena de cinco años.
Otros imputados como el General Juan Carlos Trimarco, ex gobernador de facto de Entre Ríos,  pudo evitar ser condenado por su Alzheimer avanzado y Paul  Alberto Navone escapó de la justicia pegándose un tiro.    

      

Raquel y Tucho: Los setenta en carne viva



Una historia que radiografía a los setenta en carne viva. Este notable relato de amor y militancia, la de Raquel y Tucho, merece tener un final feliz  en medio de una gigantesca tragedia, treinta y cuatro años después: encontrar al mellizo. A ese bebé que los represores lo dan por muerto para obstaculizar el esperado reencuentro. Un final reparador para cerrar éste capítulo de amor, utopías, locura y muerte. Con la vida finalmente celebrando a la vida.
Con el testimonio de la carta que desde Méjico, Tucho le envió a Sebastián, mientras le escribía al Papa pidiéndole que impidiera que Raquel fuera fusilada. Seguramente los hermanos, a través de las lágrimas han leído, la carta que desde Méjico, Tucho le escribiera a Sebastián: “Querido Quinqui: “Ya sé que ahora sos chiquito y no sabés leer, pero algún día aprenderás y mucho tiempo después podrás comprender esta carta. Yo te escribo porque no sé si te voy a volver a ver, mi vida es muy difícil y la muerte se me cruza con frecuencia en mi camino. Cuando puedas comprender, tus abuelos, que te quieren mucho, te contarán esta historia. Te leerán esta carta. Con la responsabilidad de ser quien sos, deberás enfrentar tu propia vida, como tu madre y yo enfrentamos la nuestra.”
En eso están los hijos de Tucho y Raquel, esperando encontrar al hermano que aún permanece como presunto botín de guerra. Como una nueva reafirmación de la fortaleza de la vida. Testimonios de los setenta en carne viva.  





* Periodista. Conductor del programa radial “El Tren”, emitido en Radio Cooperativa.

bottom of page